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CRITICA
Carolina Jaramillo, de la evidencia a la geometría, luz, expresividad y materia
La progresión pictórica de Carolina Jaramillo la conduce hacia la iluminación de la energía, es decir que, partiendo de una obra geométrico-abstracta, se interesa por la luz, por el centro equidistante, por la evidencia de la serenidad interior, sin abandonar los colores cálidos y envolventes para conectar con la luminosidad, no solo de cariz plástico sino espiritual.
Su pintura es geométrica, combina la fuerza expresiva del abstracto con la precisión de la geometría y la búsqueda del yo interior mediante la representación de mándalas y otras estructuras geométricas.
Es una artista que no renuncia a la consecución del equilibrio a partir de lo fundamental, que es la consciencia de la existencia en todos sus órdenes. De ahí que, en consecuencia, su pintura aglutine componentes sutiles y envolventes, sensuales y sugerentes, expresivos, a veces, incluso, tensionados, con otros que son iluminados, porque busca transmitirnos el resplandor, la fuerza del color que le transporta hacia el centro de su propio yo.
Temperamental y dinámica, algo contradictoria, pero, claramente apasionada por la existencia y el caos, supera el desorden a partir de su evolución hacia la consecución de la explicación del enigma que encierra el mundo.
Nos envuelve con sus interrogantes, porque es fuego, buscando la materia, a partir de la densidad, empleando la forma, valiéndose de la estructura, insertándose en el centro de la composición, para determinar su capacidad espacial, siendo aire en el procedimiento, materia en el desarrollo, fuego en el color y agua en la expresividad de la densidad de tonos y cromatismos diversos.
Expresiva, asimétrica, supera el asimetrismo a partir de su intencionalidad mandálica, gracias a su búsqueda constante de la geometría como acto de amor supremo, como evidencia última de la pintora colombiana que apuesta por la experimentación, dentro de un posicionamiento claro, eligiendo un discurso valiente, contundente, porque es parte de sí misma, producto de un interior preocupado por el desarrollo de la vida y su motivación plástica elocuente.
Aporta a la pintura contemporánea la explosión del color en su búsqueda geométrica interior, que se refleja en el exterior, pero que parte de un camino derivado con claridad de la luz celeste que invade todo lo creado en los infinitos sistemas de los universos existentes.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
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Carolina Jaramillo, la energía, mándala, la confluencia de la diversidad y la intensidad especial
La obra de Carolina Jaramillo indaga en la fuerza enigmática de la energía, penetrando en la espiral, forma geométrica de la existencia, núcleo que potencia el movimiento y el cambio continuo.
Su última producción de mándalas ofrece geometría, intensidad cromática, oración en el espacio de la materia, en la fuerza centelleante y hasta voluptuosa del color, llena de expresividad, del poder evocador de la mancha, de la dinámica tonal, del diálogo continuo entre forma y determinación, apariencia de realidad, para ir más allá de una realidad sutil, que se encuadra en otras magnitudes dimensionales.
Su percepción de la energía le conduce a estadios lejanos o próximos, pero, claros, en el aspecto de que, a partir de materia, forma y color, de la expresividad matérica que define su obra, delimitándola, sometiéndola a pruebas, para saber lo que no funciona en determinados casos en el apartado espiritual, se convierte en sutileza y evanescencia de la propia consideración de lo concreto.
Sus mándalas son geométricos, de colores intensos, exhibiendo el poder de la forma geométrica, claramente expresivos, nutridos por cromatismos contrastados.
La fuerza del color que emplea la artista colombiana transforma la forma, transmutando fortaleza con sensibilidad para generar los polos opuestos alcanzando la diversidad en unidad.
Mándalas que son considerados como un espléndido vehículo de transmutación y cambio, interconectando con la fuerza y expresividad de las circunstancias, alterándolas, porque todo lo que existe se modifica y desaparece. Nada es lo que parece, incluso en el amor todo es vibración dinámica en lo diferente, continuo y discontinuo.
Conjuga el poder evocador del color, con el enigma de la energía, además del sesgo, gesto pictórico, mancha, salpicadura, incisiones y contrastes, líneas, sugerencias de una dinámica plástica abstracta, que se nutre del poder de los signos, que intuye la potencia de la simbología, para alejarse de la tensión, o bien apostando por la determinación del diálogo entre lo positivo y lo negativo, polos opuestos resultado de la armonía, función primordial y básica, fundada en la profundidad de la existencia.
Es una buscadora del más allá, a partir de elementos, empleando las energías, recurriendo a los símbolos, utilizando signos, para conectarse con la trascendencia a partir de la evidencia.
Su aportación a la pintura contemporánea se basa en no renunciar a la existencia en su viaje por ambientes espirituales y esenciales, porque todo es orden y casos, vacío y lleno, unicidad y verdad múltiple.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
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